
“Mentalidad de ganador”. Muchas veces hemos escuchado esta expresión, pero pocas veces nos hemos detenido a explorar su profundo sentido.
Es curioso, pero cierto. Se puede tener mentalidad de ganador. Se puede programar la mente para lograr lo que queremos.
No es casualidad que los deportistas de alto rendimiento del mundo entero cuenten con apoyo, un trabajo programado y constante con sicólogos y terapeutas, que les ayudan a soportar los altos niveles de presión a los que están expuestos, además de mantenerlos alineados hacia un objetivo claro y preciso: alcanzar el éxito.
Tampoco es casualidad que existan países donde desde niños, en los colegios e incluso en la etapa previa a la enseñanza escolar, se enseñe a los más pequeños la importancia de lograr las metas propuestas.
Caso concreto de lo anterior es la mentalidad que impera en países como Estados Unidos, donde no importa de dónde vengas, sino hacia dónde vas. Es decir, más que el origen de la persona, su raza, color, sexo, prevalece su visión, actitud y talento.
Conceptos como resiliencia, meritocracia son hoy de dominio general. Son términos que han salido del espacio de los especialistas para ya formar parte de la gente común, de padres que están en etapa de criar a sus hijos o directamente de adultos que se ven enfrentados día a día a realidades a las cuales nunca les enseñaron cómo debían enfrentarlas.
Al trabajar sobre nuestros distintos planos como seres humanos (neurología, lenguaje y programación), esta disciplina contribuye a mejorar nuestra percepción de la realidad y hacerlo en forma sistémica, integral, logrando resultados sorprendentes y en enfocados hacia el futuro, más que anclados en el pasado.